25/3/2010

Karl Marx - Fetiche de la Mercancía y Alienación

Por Samanta Levet
Introducción

El modo de producción capitalista del siglo XIX en el que Karl Marx se basa para desplegar su análisis sociopolítico y económico, sigue teniendo un importante grado de validez en la sociedad actual. Comprender el funcionamiento del sistema económico capitalista es necesario incluso para entender el mundo actual. Marx genera las bases para el análisis y la crítica del desarrollo de aquel modo de producción capitalista, que luego se convertiría en imperialismo a comienzos del siglo pasado, y al que hoy se lo conoce como neoliberalismo.
En esta sociedad de mercado, para Marx es por medio de la mercancía que la gente se vincula y se dan las relaciones sociales: es decir, por medio del sistema de producción. El extenso y exhaustivo análisis de Marx al respecto se detiene en cada uno de los momentos y partes de este sistema económico capitalista de producción. Su análisis es no solo económico sino también filosófico, histórico y social.
El presente informe pretende detenerse, por un momento, en lo que en su obra El Capital, Karl Marx llama el fetichismo de la mercancía: remitiendo a características que adquiere la mercancía, como fenómeno social y psicológico donde las mercancías aparentan tener una voluntad que es independiente a sus productores. “el fetichismo es una relación social entre personas mediatizada por cosas. El resultado es la apariencia de una relación directa entre las cosas, y no entre las personas”. Este fetichismo de la mercancía es algo intrínseco a la producción de las mismas y, por lo tanto, al valor de las mismas.
En primer lugar, es menester comprender por qué Marx adjudica la categoría “Fetiche de la mercancía” para comprender su análisis global.
Por otra parte, resulta un análisis interesante el comprender si el concepto de alienación que encontramos en el joven Marx de los manuscritos, es un inicio de lo que después va a ser su teoría del fetiche de la mercancía: ¿Hay continuidad con la alienación de trabajo de los manuscritos y el fetiche de la mercancía del capital? ¿O hay una ruptura en su tesis?
La teoría marxista ha resurgido constantemente a lo largo de la historia. En la actualidad se reconocen y retoman sus aportes claves en el campo filosófico, económico, social y político para desentrañar las lógicas sociales actuales.

En cuanto a su filosofía, de Hegel, Marx conservó el método dialéctico, pero repudió el idealismo y la actitud, común a todos los filósofos anteriores, de limitarse a interpretar el mundo sin cooperar en su transformación. “Los filósofos se han limitado a interpretar el mundo; ahora bien, de lo que se trata es de transformarlo” El materialismo histórico de Marx rescata una concepción filosófica caracterizada por oponerse a las abstracciones y al idealismo, y que conlleva una orientación claramente práctica. En cierto punto, el pensamiento de Marx se invierte al pensamiento de Hegel. Para este último, las ideas o el espíritu absoluto crea a las sociedades y produce realidad; mientras que para Marx, las ideas son la superestructura de una base, que son estructuras materiales. Es el mundo real y material el que determina las ideas.
El joven Marx: Los manuscritos
Respecto a los manuscritos económicos y filosóficos que Karl Marx escribe a mediados del siglo XIX, (y que serían recién publicados en 1932), siempre ha habido cuestionamientos y divergencias sobre si hay indicios de continuidad o ruptura respecto a su posterior obra cumbre, El Capital.
En los manuscritos, Marx comienza a exponer que la fuente de toda riqueza en el sistema de producción burgués es el trabajo, donde al trabajador le corresponde y obtiene una fracción ínfima de aquella riqueza, apenas para subsistir, y la gran parte irá a parar al capitalista, generándose la lucha entre capital y trabajo. En este proceso Marx explica que el trabajo solo se convierte en una mera mercancía, y las relaciones sociales se reducen a relaciones monetarias, donde el capitalista se enriquece a costas del trabajador que subsiste con salario mínimo. Sin dudas que una de las grandes críticas de Karl Marx a la economía clásica es el no poder explicar las causas ocultas del capitalismo.
Es en los manuscritos donde aparece el concepto de alienación como un fenómeno socio-económico, donde el proletario se ve obligado a vivir en forma alienada en aquello que constituye la esencia del hombre: el trabajo. Su objetivo principal es dar cuenta una fuerte crítica al capitalismo y a una elaboración de un nuevo sistema que lo sustituya. Al no tener control sobre lo que produce, el mismo trabajador se aliena de su trabajo, ya que lo producido se le presenta como externo a él.
Estas mercancías se compran y venden dentro del sistema económico que Marx analiza: el capitalismo. Éstas son un fenómeno clave en dicho análisis: son útiles, son producidas por el ser humano, ofertadas en el mercado para su venta, y pueden claramente separarse del individuo que las produce. “La economía política oculta la alienación presente en la esencia del trabajo por el hecho de no considerar la relación inmediata entre el trabajador (el trabajo) y la producción)” .
Por otra parte, los manuscritos de Karl Marx también analizan como el trabajo es la esencia de todo valor, y el valor es una propiedad de todas las mercancías, reflejado a través de un precio, que no tiene que ver netamente con la oferta y la demanda del mercado, sino que está enraizado a algo más, que sería el trabajo humano que le añade valor a la mercancía. Claro está que en esta etapa del joven Marx todavía no nace el concepto de plusvalía que luego será neurálgico en su obra El Capital.

El Capital y el Fetichismo de la mercancía


Se puede decir que El Capital fue concebido y escrito como un arma para la lucha de clases, pensando en la revolución social. Aquí, Marx se centra en el modo de producción capitalista, tomando las teorías de la economía clásica de David Ricardo y sobre las cuales pretende develar las ideologías ocultas. Para Marx, Ricardo presenta las relaciones entre el capital y la fuerza de trabajo como si se tratara de una negociación de igual a igual, pero su extenso análisis revela que se esconde la explotación y la miseria moral de los proletarios.
Su crítica de la economía clásica está contenida en El Capital, que analiza las formas de producción burguesa, última forma del proceso de producción social tras la esclavitud y el feudalismo.
La práctica teórica que se despliega en el capital, al igual que en el joven Marx de los manuscritos, busca desenmascarar la falsa conciencia de las ideas, la ideología que trata de justificar un orden económico y social que se basa en la alienación y enajenación del trabajo, y pretende también descubrir los fetiches mistificadores de dicho sistema.

Teoría del Valor


En El Capital, el análisis sobre el fetiche de la mercancía se desprende de la teoría del valor que Marx analiza anteriormente. Entonces, para comprender el fetiche de la mercancía, es ineludible retomar lo que Marx escribe sobre el valor.
La mercancía, para Marx, es el elemento básico de la vida económica de una sociedad capitalista y distingue dos tipos de valores en los objetos y en las mercancías: el valor de uso y el valor de cambio. “La mercancía es un objeto externo, una cosa apta para satisfacer necesidades humanas, de cualquier clase que ellas sean. El carácter de estas necesidades, el que broten por ejemplo del estómago o de la fantasía, no interesa en lo más mínimo para estos efectos. Ni interesa tampoco, de este punto de vista, cómo ese objeto satisface las necesidades humanas, si directamente o indirectamente, como medio de producción” . El primero es la capacidad que tiene un objeto de satisfacer alguna necesidad humano, mientras que el valor de cambio es el valor que un objeto tiene en el mercado, que en la sociedad capitalista se mide en dinero. Muchos objetos tienen valor de uso pero no valor de cambio, pero para Marx, la tendencia en la sociedad capitalista es hacer que todo objeto sirva para ser intercambiado, vendido o comprado en el mercado, es decir, como mercancía.
Ahora bien, el valor de cambio de cierto objeto no necesariamente depende de su valor de uso, sino más bien del valor que éste adquiere en el mercado bajo reglas del mismo mercado (escasez o abundancia, o del trabajo socialmente necesario para producirlo). Para Marx, en la sociedad capitalista, la fuerza de trabajo es una mercancía más, ya que tiene valor de uso, al producir trabajo abstracto, y valor de cambio al producir trabajo concreto, en su salario o lo que el capitalista le paga al trabajador.

Fetiche de la mercancía

En primer lugar es interesante destacar que aquí se expone la teoría del valor para poder comprender el fenómeno del fetiche de la mercancía, ya que personalmente considero que ambas están íntimamente ligadas, y no arbitrariamente dispuestas en la obra de Marx. De hecho, creo que la clave de la teoría del valor se explica con un vínculo muy estrecho con la teoría del fetichismo y, si bien no ocupa demasiadas páginas en la abultada obra de El Capital, al analizarlo con minuciosidad se puede ver la importancia que tiene en la misma.
Como explica Marx en la teoría del valor, toda mercancía tiene un valor de uso y un valor de cambio, que no necesariamente coinciden. La utilidad de una mercancía hace a su valor de uso, mientras que la relación por la cual se la cambia por otros valores de usos alude al valor de cambio. Para Marx, esta equiparación es posible porque hay algo en común que atraviesa a todos estos valores de uso: todos son productos del trabajo.
Marx diferencia entre trabajo concreto, que crea valores de uso, y trabajo abstracto, el cual dentro del sistema capitalista crea valor que se cristaliza en las mercancías. Marx explica que la base del valor es el trabajo, aquello que determina el valor será el trabajo. El exponente máximo del valor de cambio es el dinero.
Esto revela a Marx un fenómeno particular que oculta la realidad de las cosas en este sistema económico capitalista, bajo un disfraz que se justifica y explica por obra del capital como medio de generación de riquezas, y no del trabajo. Esta es ni más ni menos que la construcción teórica de un fetiche, que encierra dentro de la mercancía que se comercia, al trabajo y al capital, siendo el trabajo la única fuente de riqueza y valorización. La mercancía no encierra nada misterioso en su valor de uso, ni en su valor de cambio, pero sí en la cantidad y calidad de trabajo invertido en ella. “El carácter misterioso de la forma de la mercancía estriba pura y simplemente en que proyecta ante los hombres el carácter social del trabajo de éstos como si fuese un carácter material de los propios productos de su trabajo, un don natural y social de estos objetos como si, por tanto, la relación social que media entre los productores y el trabajo colectivo de la sociedad fuese una relación social establecida entre los mismos objetos, al margen de sus productores. Este quid pro quo es lo que convierte a los productos de trabajo en mercancía, en objetos físicamente metafísicos, o en objetos sociales” .
Para Marx, esta esencia del fetichismo se origina en que proyecta ante los hombres el carácter social que el trabajo en realidad posee, pero como si se tratara de un carácter material de los productos que ellos mismos fabrican. Como si se tratara de un don natural que los objetos poseen en donde la relación social del trabajo colectivo fuese una relación social que establecen los objetos, al margen de sus productores. El fetiche de la mercancía se da por el carácter social del trabajo que produce mercancía, pero el individuo trabajador no lo percibe de esa manera, porque detrás de los valores de la mercancía se oculta que la magnitud del valor está determinada por el tiempo de trabajo.
Con respecto al primer cuestionamiento monográfico que se plantea inicialmente en este trabajo, se podría decir que Marx adjudica el nombre Fetiche de la mercancía a dicho fenómeno ya que su intención es demostrar que la economía política clásica refiere a la ciencia humana y social, y no a las ciencias duras como pretende plantearse. Intenta borrar la imagen naturalizada de que la economía y las relaciones económicas son “naturales”, como lo son los fenómenos físicos, ajenos a la voluntad del hombre. Marx pretende desmitificar que este sistema económico es natural y ajeno a la voluntad humana, para lograr la toma de conciencia sobre ello y negar que haya que someterse a los mismos. Marx pretende distinguir el fetiche de la realidad, para que no se confundan: el dinero no es más que una obra humana que encarna las relaciones sociales, y como tal no es realidad, no es estático y por ende, no es eterno.
Indefectiblemente el siguiente nivel que adquiere el análisis de Marx sobre el fetiche es develar que la mercancía se apropia de la fuerza de trabajo, es decir de la plusvalía, que se oculta como otra forma de fetichismo: el del capital.
En síntesis, para Marx la mercancía vale porque contiene trabajo humano, y el dinero es una mercancía, con una moneda que lo representa, y por ende el dinero significa trabajo humano. Entonces, la valorización del dinero se da por un proceso en el que la fuerza de trabajo produce un nuevo valor incrementado.
Por otro lado, este informe pretende considerar que, si bien las categorías de alienación y trabajo enajenado que Marx desarrolla en su juventud en los manuscritos dan cuenta de que los productos no le pertenecen al trabajador, no los siente como propios, ¿es un inicio de lo que tiempo después expondrá como fetiche de la mercancía? De alguna manera, sin dudas sí, si se considera que el fetichismo es una teoría construida con gran parte del bagaje que se asienta en la categoría del trabajo enajenado. Pero hay que ser más que cuidadosos con esto, ya que el Marx de los manuscritos del 44 tiene un conjunto de preguntas que difieren a las de El Capital, que pueden no pertenecer a la misma problemática. La pregunta puede tener respuestas divergentes. Por un lado, puede pensarse que hasta paradigmáticamente ambas producciones no coinciden, pero por otro lado puede pensarse a la teoría del fetiche como un fenómeno que explica la realidad, un fenómeno que pretende dar respuestas sobre el poder, como también los manuscritos.
En síntesis, el fetichismo y la alienación tienen en común la separación dualista entre objeto y sujeto, en donde además invierte sus posiciones, y en donde el objeto “cobra vida” y ocupa el lugar del sujeto, y en donde el sujeto se vuelve una cosa. Pero además de esta similitud, se podría decir que se diferencian en que mientras en los manuscritos este fenómeno se da porque el trabajador pierde su esencia como sujeto, en el fetichismo de la mercancía este fenómeno tiene un por qué: la sociedad burguesa capitalista.


Conclusión

En primer lugar cabe destacar que el presente trabajo no tiene el objetivo de ahondar minuciosamente en la vasta teoría de El Capital o del mismo Karl Marx, ni detenerse en detalle en cada categoría que expone y desarrolla, que de por sí conllevan un inmenso bagaje de abarque filosófico, económico, social y político. Pero sí se pretende desplegar algunos aspectos de su análisis sobre la mecánica de las relaciones de producción en el sistema capitalista y sus consecuencias, haciendo foco en el fetiche de la mercancía que desarrolla en El Capital.
Podría decirse que el fetichismo de la mercancía y su secreto es el puntapié inicial de su obra para comenzar a revelar su contenido real, que comienza a desmontar la Economía Política burguesa por medio del análisis de fenómenos económicos (siempre desde sus cimientos histórico-sociales). Marx comienza este proceso en El Capital por medio de su análisis de la mercancía y su fetichismo ya que, para él, la forma mercancía es la forma más general y rudimentaria de la producción burguesa.

A modo de reflexión final, podría decirse que la mercancía es un producto histórico y social pero que principalmente es fruto del trabajo de los hombres, que se percibe como valor, porque es el producto del trabajo humano abstracto. Sin duda con esta tesis del valor y del fetiche de la mercancía, Karl Marx comienza a desmoronar teóricamente la estructura de la economía política.
Pretende y logra revelar el secreto y la esencia del capitalismo: el obtener una mercancía que se paga lo justo en su valor y en su uso, que crea cierta cantidad de valor que se obtiene como lo necesario para que se pueda reproducirla más un plus, la ganancia del capitalista.








BIBLIOGRAFÍA



  • Kohan, Néstor: El Capital, Historia y método, Universidad popular Madres de Plaza de Mayo, Argentina, 2003.


  • Marx, Karl: “Primer manuscrito”, en Manuscritos, economía y filosofía, Alianza editorial, Madrid, 1999.


  • Marx, Karl: Cap. I. “Mercancía y Dinero”, en El Capital. Crítica de la economía política, tomo I, Siglo XXI Editores, México, 2000.


  • Marx, Karl: Cap. II. “El proceso del cambio”, en El Capital. Crítica de la economía política, tomo I, Siglo XXI Editores, México, 2000.


  • Marx, Karl: Cap. IV. “Cómo se convierte el dinero en capital”, en El Capital. Crítica de la economía política, tomo I, Siglo XXI Editores, México, 2000.


  • Marx, Karl: Cap. V. “Proceso de trabajo y proceso de valorización”, en El Capital. Crítica de la economía política, tomo I, Siglo XXI Editores, México, 2000.


  • Marx, Karl: Cap. VII. “La cuota de plusvalía”, en El Capital. Crítica de la economía política, tomo I, Siglo XXI Editores, México, 2000.


Samanta Levet

1 comentario:

arte y praxis politica dijo...

El comentario que Verónica realiza al texto de Cecilia, sobre todo la pregunta que deja flotando al final sobre el carácter utópico del arte en Marx, podría encontrar algunas líneas de articulación con el escrito de Samanta. Planteo una vía posible para explorar en relación a nuestro proyecto: podríamos pensar, por ejemplo, en la idea esbozada en los Manuscritos de que la forma originaria de praxis es el trabajo como realización del ser genérico del hombre. Tendríamos que tener en cuenta aquí la distinción que Marx realiza entre objetivación y enajenación (alienación). En los Manuscritos se puede entrever que lo que habría que superar es la enajenación, la cual es una situación históricamente devenida, y no la objetivación, es decir, la elaboración del mundo objetivo mediada por el trabajo de los hombres.
¿Cómo, entonces, el hombre podría superar su individualidad, su existencia contingente, y realizar su ser genérico? En los Manuscritos, Marx cifra lo que sería el modelo de esa realización de la esencia humana, del trabajo no alienado. Esa realización no estaría centrada en la producción de mercancías, sino, en el ámbito artístico. En él, ni el sujeto se ve encadenado a las necesidades físicas inmediatas, ni tampoco violenta a las potencialidades contenidas en la realidad misma. Esto estaría sugerido en Marx: “El animal forma únicamente según la necesidad y la medida de la especie a la que pertenece, mientras que el hombre sabe siempre imponer al objeto la medida que le es inherente; por ello el hombre crea también según las leyes de la belleza”(Marx, Manuscritos, Alianza, p. 116)